"¿Hay una figura ética que esté dispuesta a administrar el fideicomiso de la obra pública? Nadie lo controla, hace lo que quiere. El problema no es Julio (por De Vido), julio es un mes que pasa. El problema es el sistema, no tenemos sistema." El rabino Sergio Bergman, estuvo en Villa María el miércoles tal como publicáramos en nuestra edición del jueves, y dejó fuertes conceptos relacionados con la situación actual del país.
El religioso, apuntó al estilo de hacer política de Kirchner, a la corrupción del sistema y dijo que "hay un país esclavo de la inequidad".
"Lo popular es digno y debe ser respetado, pero esto (por el estilo kirchnerista) es manipulación de masas. Quieren una masa amorfa, sumergida a la indignidad, que participe del circo que hacen con la plata de todos. Hay que emancipar, hay que volver a abolir la esclavitud. Hay un país esclavo de la inequidad, hay políticos buenos pero los buenos que no hacen nada también son malos."
Sin salirse de su pausado tono de vos, ni perder sus modales, Bergman dijo que "la República tiene el síndrome de la mujer golpeada". "Nos bancamos cosas que no hay que bancárselas".
El rabino que instó a creer en las utopías y a soñar un nuevo país expresó que "no se pueden seguir personas, hay que seguir ideas".
"La pelea Menem-Duhalde nos parió a Kirchner", señaló. Sin embargo, aclaró que el ex presidente "no hizo todo mal" y elogió su política sobre derechos humanos y la manera en que piloteó la crisis. No obstante remarcó que "gobierna la Argentina de la misma manera que gobernó Santa Cruz y que utiliza constantemente términos militares como combatir, arrodillar, enfrentar".
Consultado sobre si piensa ser candidato en 2009, Bergman sonrió: "Ya me presenté para seguir siendo rabino del Templo Libertad".
"No puedo ser candidato de la política de la que hablamos. Hay gente buena que está sola y aislada. Debemos construir un puente para poder cruzarlo y no tener que saltar a la otra orilla y terminar solo con ellos", afirmó sin descartar una postulación en 2016.
Bergman pidió "soñar el país" y trabajar para ello. "Cuando un país no puede soñarse, no tiene futuro".
Resaltó, por otra parte, que Argentina está dividida en dos: "Los que queremos la República y los que no la quieren. Si tenemos dirigentes sensatos, nos podemos juntar para reestablecer la República."
viernes, 22 de agosto de 2008
Rab. Sergio Bergman Huésped de honor en Villaguay
Una gran cantidad de público participó anoche en el Centro Cultural Municipal Emilio Berisso de la charla brindada por el Rabino Sergio Bergman.
La propuesta impulsada por la Municipalidad de Villaguay a través de la Dirección de Cultura y Educación, Agencia de Desarrollo Productivo, Sociedad Israelita Argentina de Villaguay y la Fundación Argentina, comenzó con la bienvenida del Rabino a cargo del Intendente de la ciudad Adrián Fuertes, quien en nombre de la comunidad; destaco que “es un doble orgullo recibir a una persona tan importante y destacada en todo el país, se como pensás porque sos un hombre de esta generación y estoy convencido que la diversidad de pensamiento que hay en la argentina son muy importantes, por eso podemos construir una argentina mucho mejor”, dijo el presidente comunal.
Expreso que “estamos armando una agenda de temas para discutir en nuestra ciudad porque es una práctica saludable poder construir la unidad de una población en la diversidad de las opiniones”, remarcó. “Estoy sorprendido sobre tu trabajo en Colonia Avigdor, sorprendido por tu sencillez y quiero felicitarte por tu libro y pedirte a la vez que le hables a nuestro pueblo, que me hables a mi gente laboriosa, gente de diálogo y de paz, donde siempre serás bienvenido”, finalizó diciendo el Intendente.
Posteriormente el Rabino Sergio Bergman, quien fue declarado Huésped de Honor, agradeció la bienvenida y destacó la voluntad de la concurrencia para establecer este contacto.
Abrió su exposición con el desafío de trabajar para restituir la república que es la expresión institucional de la nación que aún nos debemos, enfatizó.
“El trabajo lo tenemos que hacer todos por la riqueza de esta Argentina en la cual disfrutamos del encuentro y confraternidad entre religiones y tradiciones, por el encuentro interreligioso la Argentina es tierra de bendiciones porque hay pocos lugares en el mundo donde se conviva de esta manera”. “El diálogo enriquece y hace crecer, sin renunciar a nuestras convicciones, entonces que razones puede haber para que no estemos juntos y que otra gran verdad puede existir para que no podamos sentarnos a cambiar lo que sea necesario a partir del intercambio de ideas”. “La política es una buena palabra y una noble práctica, si dejáramos de estar hablando de los políticos y habláramos de nosotros; porque si toda la energía la dispusiéramos para hablar de nuestros representantes sin asumir que hay una crisis de valores espiritualmente representados no vamos a salir del círculo vicioso en el que nos encontramos”, expreso. “Vengo a proponerles no como verdad, sino como una conversación que nos motive para la acción, que por un instante dejemos de hablar de ellos y hablemos de nosotros para que sinceremos la hipocresía cívica con la que los Argentinos nos venimos condenando a asumir la responsabilidad que tenemos”. “Si ustedes creen que estamos mal, vamos bien si sostenemos el ejercicio responsable de nuestra ciudadanía”, apuntó. “El horizonte de un mañana mejor comienza en la conversación con estas nuevas generaciones y hace falta construir poder de servir para poder ser, que es la iniciativa para transformar”. “Cuando uno deja al estado, lo abandona, somos nosotros los ciudadanos que nos suicidamos y el gesto es que no nos debemos evadir”. expreso.
Mas conceptos
“El hambre no se resuelve con lo testimonial, se resuelve con políticas de estado y hay que tejer un puente entre la sociedad civil y el estado para que estén conectados y eso lo debemos asumir como algo digno que esta dentro de nosotros”.
“No está bien decir que todos los políticos son malos y repetir la frase inconsistente de “que se vayan todos”, porque con eso lo que nos aseguraron es que se queden los mismos y nosotros debemos plantear que se queden los buenos y se vayan los malos, pero para eso debemos comprometernos, trabajar e involucrarnos con el dialogo y el encuentro minorías transformadoras no para la próxima elección sino en la constante modificación sociocultural de la próxima generación, por eso hay que bancarse primero ser una minoría y eso se aprende en la cultura”. “A esos jóvenes debemos decirles que no se duerman, esten atentos y activos, que controlen, que avisen que sigan con dignidad, cultura y respeto con cultura cívica y que sean profesionales quienes ocupen la función pública con capacidades ciertas e idoneidad para servir a la república porque necesitamos un país eficiente, dinámico, moderno y capaz porque no alcanza con voluntarismo”, remarcó. Estos conceptos en varias oportunidades fueron interrumpidos por cerrados aplausos de los concurrentes que colmaron las instalaciones del Cine Berisso.
La propuesta impulsada por la Municipalidad de Villaguay a través de la Dirección de Cultura y Educación, Agencia de Desarrollo Productivo, Sociedad Israelita Argentina de Villaguay y la Fundación Argentina, comenzó con la bienvenida del Rabino a cargo del Intendente de la ciudad Adrián Fuertes, quien en nombre de la comunidad; destaco que “es un doble orgullo recibir a una persona tan importante y destacada en todo el país, se como pensás porque sos un hombre de esta generación y estoy convencido que la diversidad de pensamiento que hay en la argentina son muy importantes, por eso podemos construir una argentina mucho mejor”, dijo el presidente comunal.
Expreso que “estamos armando una agenda de temas para discutir en nuestra ciudad porque es una práctica saludable poder construir la unidad de una población en la diversidad de las opiniones”, remarcó. “Estoy sorprendido sobre tu trabajo en Colonia Avigdor, sorprendido por tu sencillez y quiero felicitarte por tu libro y pedirte a la vez que le hables a nuestro pueblo, que me hables a mi gente laboriosa, gente de diálogo y de paz, donde siempre serás bienvenido”, finalizó diciendo el Intendente.
Posteriormente el Rabino Sergio Bergman, quien fue declarado Huésped de Honor, agradeció la bienvenida y destacó la voluntad de la concurrencia para establecer este contacto.
Abrió su exposición con el desafío de trabajar para restituir la república que es la expresión institucional de la nación que aún nos debemos, enfatizó.
“El trabajo lo tenemos que hacer todos por la riqueza de esta Argentina en la cual disfrutamos del encuentro y confraternidad entre religiones y tradiciones, por el encuentro interreligioso la Argentina es tierra de bendiciones porque hay pocos lugares en el mundo donde se conviva de esta manera”. “El diálogo enriquece y hace crecer, sin renunciar a nuestras convicciones, entonces que razones puede haber para que no estemos juntos y que otra gran verdad puede existir para que no podamos sentarnos a cambiar lo que sea necesario a partir del intercambio de ideas”. “La política es una buena palabra y una noble práctica, si dejáramos de estar hablando de los políticos y habláramos de nosotros; porque si toda la energía la dispusiéramos para hablar de nuestros representantes sin asumir que hay una crisis de valores espiritualmente representados no vamos a salir del círculo vicioso en el que nos encontramos”, expreso. “Vengo a proponerles no como verdad, sino como una conversación que nos motive para la acción, que por un instante dejemos de hablar de ellos y hablemos de nosotros para que sinceremos la hipocresía cívica con la que los Argentinos nos venimos condenando a asumir la responsabilidad que tenemos”. “Si ustedes creen que estamos mal, vamos bien si sostenemos el ejercicio responsable de nuestra ciudadanía”, apuntó. “El horizonte de un mañana mejor comienza en la conversación con estas nuevas generaciones y hace falta construir poder de servir para poder ser, que es la iniciativa para transformar”. “Cuando uno deja al estado, lo abandona, somos nosotros los ciudadanos que nos suicidamos y el gesto es que no nos debemos evadir”. expreso.
Mas conceptos
“El hambre no se resuelve con lo testimonial, se resuelve con políticas de estado y hay que tejer un puente entre la sociedad civil y el estado para que estén conectados y eso lo debemos asumir como algo digno que esta dentro de nosotros”.
“No está bien decir que todos los políticos son malos y repetir la frase inconsistente de “que se vayan todos”, porque con eso lo que nos aseguraron es que se queden los mismos y nosotros debemos plantear que se queden los buenos y se vayan los malos, pero para eso debemos comprometernos, trabajar e involucrarnos con el dialogo y el encuentro minorías transformadoras no para la próxima elección sino en la constante modificación sociocultural de la próxima generación, por eso hay que bancarse primero ser una minoría y eso se aprende en la cultura”. “A esos jóvenes debemos decirles que no se duerman, esten atentos y activos, que controlen, que avisen que sigan con dignidad, cultura y respeto con cultura cívica y que sean profesionales quienes ocupen la función pública con capacidades ciertas e idoneidad para servir a la república porque necesitamos un país eficiente, dinámico, moderno y capaz porque no alcanza con voluntarismo”, remarcó. Estos conceptos en varias oportunidades fueron interrumpidos por cerrados aplausos de los concurrentes que colmaron las instalaciones del Cine Berisso.
Argentina Ciudadana en Hora Clave
"Hay un intento de acercar la política a la gente"
El rabino Sergio Bergman reflexionó en C5N sobre su libro Argentina ciudadana, contextos bíblicos junto al padre Rubén Revello. "Debemos pedirle a Dios que vivamos en la ley", señaló
El rabino Sergio Bergman reflexionó con Mariano Grondona y con el padre Rubén Revello sobre su libro Argentina ciudadana, contextos bíblicos en el programa Hora Clave, que se emite todos los domingos por C5N.
El libro Argentina ciudadana, contextos bíblicos es la nueva obra de Bergman en la que va extrayendo de los episodios que se suceden en el Antiguo Testamento lecciones y metáforas para el momento actual de nuestro país. Por otro lado, el libro cuenta con un prólogo escrito por el cardenal Jorge Mario Bergoglio, lo que muestra un logro ecuménico en él.
"Argentina ciudadana, contextos bíblicos tiene que ver con el contexto bíblico que vivimos hoy", resumió Bergman al iniciar la charla.
"Hay una Argentina eclipsada en la que nos vamos a redimir cuando los ciudadanos nos hagamos cargo de lo que hemos evadido", añadió Bergman a su reflexión y agregó que "tenemos que empezar a hablar con nosotros mismos".
El rabino continuó con su pensamiento diciendo: "Debemos pedirle a Dios que vivamos en la ley. Hay una anomia de los ciudadanos que por estar concentrados en lo privado abandonamos lo público. Esto confronta con nuestra conciencia cívica•.
Ante la reflexión de Sergio Bergman, el padre Rubén Revello tomó la posta en la conversación e intentó dar una visión católica para el pensamiento del religioso judío.
"¿Yo como católico qué conceptos sumaría a esto?: el concepto de encarnación, de que la fe no es algo que está en el aire sino que está en todos nosotros y los conceptos de la comunión y la redención, el triunfo final lo tiene el bien", indicó Revello.
Por otro lado, el sacerdote reflexionó sobre la situación político y social actual de nuestro país. "Es un momento en el que la ciudadanía quiere obrar institucionalmente. Me pregunto si la falta de consenso no es falta de sensatez".
El rabino Sergio Bergman volvió a tomar la palabra para añadir su pensamiento sobre este tema: "Hay un intento de acercar la política a la gente. A los chicos de 25 años no hay que explicarse qué es la democracia. No tienen que temer por ella, pero tienen que trabajar por la república. El paraíso que hemos perdido podemos recuperarlo en la tierra".
"El argentino necesita el amor a la patria. Si nosotros le ponemos un poquito más de amor a nuestro compromiso cívico, si decimos que vamos a morir con gloria, primero hay que vivir con dignidad", agregó Bergman.
El rabino Sergio Bergman reflexionó en C5N sobre su libro Argentina ciudadana, contextos bíblicos junto al padre Rubén Revello. "Debemos pedirle a Dios que vivamos en la ley", señaló
El rabino Sergio Bergman reflexionó con Mariano Grondona y con el padre Rubén Revello sobre su libro Argentina ciudadana, contextos bíblicos en el programa Hora Clave, que se emite todos los domingos por C5N.
El libro Argentina ciudadana, contextos bíblicos es la nueva obra de Bergman en la que va extrayendo de los episodios que se suceden en el Antiguo Testamento lecciones y metáforas para el momento actual de nuestro país. Por otro lado, el libro cuenta con un prólogo escrito por el cardenal Jorge Mario Bergoglio, lo que muestra un logro ecuménico en él.
"Argentina ciudadana, contextos bíblicos tiene que ver con el contexto bíblico que vivimos hoy", resumió Bergman al iniciar la charla.
"Hay una Argentina eclipsada en la que nos vamos a redimir cuando los ciudadanos nos hagamos cargo de lo que hemos evadido", añadió Bergman a su reflexión y agregó que "tenemos que empezar a hablar con nosotros mismos".
El rabino continuó con su pensamiento diciendo: "Debemos pedirle a Dios que vivamos en la ley. Hay una anomia de los ciudadanos que por estar concentrados en lo privado abandonamos lo público. Esto confronta con nuestra conciencia cívica•.
Ante la reflexión de Sergio Bergman, el padre Rubén Revello tomó la posta en la conversación e intentó dar una visión católica para el pensamiento del religioso judío.
"¿Yo como católico qué conceptos sumaría a esto?: el concepto de encarnación, de que la fe no es algo que está en el aire sino que está en todos nosotros y los conceptos de la comunión y la redención, el triunfo final lo tiene el bien", indicó Revello.
Por otro lado, el sacerdote reflexionó sobre la situación político y social actual de nuestro país. "Es un momento en el que la ciudadanía quiere obrar institucionalmente. Me pregunto si la falta de consenso no es falta de sensatez".
El rabino Sergio Bergman volvió a tomar la palabra para añadir su pensamiento sobre este tema: "Hay un intento de acercar la política a la gente. A los chicos de 25 años no hay que explicarse qué es la democracia. No tienen que temer por ella, pero tienen que trabajar por la república. El paraíso que hemos perdido podemos recuperarlo en la tierra".
"El argentino necesita el amor a la patria. Si nosotros le ponemos un poquito más de amor a nuestro compromiso cívico, si decimos que vamos a morir con gloria, primero hay que vivir con dignidad", agregó Bergman.
Presentación del libro: Argentina Ciudadana. Con textos bíblicos
El Rab. Sergio Bergman presentó el lunes 7 de julio su libro “Argentina ciudadana, con textos bíblicos” ante más de 350 asistentes en la sala circular del Planetario. La obra, publicada por Ediciones B, fue prologada por el arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio, quien definió al religioso conservador como un “erudito” y un “maestro”. “Los argentinos necesitamos comprendernos a nosotros mismos, necesitamos maestros que nos conduzcan para no quedar entrampados en la coyuntura”, sostuvo Bergoglio y señaló a Bergman como uno de sus maestros. Entre los presentes en el Planetario, estuvieron el ministro de Cultura del gobierno porteño, Hernán Lombardi, y otros políticos como el diputado y presidente de la bancada del PRO, Federico Pinedo, la ex diputada y ex candidata a gobernadora por la provincia de Buenos Aires de la Coalición Cívica, Margarita Stolbizer y el ex Canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini. “Al interpretar hoy el pasado Bergman no hace política. La peor injusticia que se le puede hacer a Sergio es decir que con este libro hace política. Quien diga esto no entendió nada”, indicó Bergoglio. El rabino Bergman aseguró que en su texto hace “una reflexión sobre la realidad cotidiana”, y no describe la interpretación de la coyuntura. Tras la presentación del libro, Bergman y Bergoglio dialogaron con el público, al que el rabino explicó: “Ya no esperamos la justicia, la verdad y la paz del cielo sino que proponemos vivirla acá en la tierra”.Comentario sobre "Manifiesto Cívico Argentino"
Pierre Vidal Naqué dice que la calidad de un libro no se mide solamente por la información elaborada que contiene, sino también por las reflexiones que suscita su lectura, las prolongaciones que evoca, e incluso las objeciones que provoca. La lectura del Manifiesto cívico del rabino Bergman suscita muchas reflexiones, evoca grandes prolongaciones y quizás pueda suscitar algunas objeciones.
Este libro se llama “Manifiesto”. ¿Por qué un manifiesto? Al parecer, según explican quienes saben sobre etimología de las palabras, el sustantivo “manifiesto” viene del latin: manufestus o manifestus, derivado de manus, mano, y festus, ferre, mostrar. O sea, textualmente, esta palabra significaría “Enseñar las manos”; enseñar las manos, ¿por qué? Quién sabe, quizás en señal de “no tener nada que ocultar”; o “declararlo todo”. De hecho, cuando se realiza un juramento se alza y se muestra la palma de la mano derecha antes de declarar, de manifestar públicamente lo que se conoce.
La segunda palabra es “Cívico”; aquí cívico se vincula a civil en el significado que Avishay Margalit da a este término; una sociedad Civil es una sociedad en la cual “los integrantes no se humillan unos a otros”; unos a otros, cualquiera sea su posición frente a Dios; agnóstico, ateo, o religioso; cualquiera sea la fe que profese (cristiano, judío, mahometano, hinduista, etc). Lo que une a todas las personas, dice Bergman, no es la noción de Dios sino la de espiritualidad; en la sociedad cívica, dice, no todos son creyentes; son muchos los ciudadanos que viven profundamente comprometidos porque son espirituales. Lo trascendente, dice casi al final del libro, no es el mundo de las creencias, los dogmas y la fe; lo trascendente es aceptarnos como seres espirituales.
Un “manifiesto cívico”. Sergio Bergman escribió este libro, pues, para declarar, para manifestar públicamente todas sus obsesiones. La palabra obsesión está usada en el sentido que la da Sergio Rodrigues, importante e influyente periodista, escritor y dramaturgo brasileño del siglo XX, quien afirma que "Lo que da al hombre un mínimo de coherencia es la suma de sus obsesiones".
Bergman no camina solo con sus obsesiones. Está acompañado por los grandes pensadores de la historia.
La primera obsesión, como adelanté, es la noción de espiritualidad. ¿Qué es esta espiritualidad?
Para Bergman, la espiritualidad se descifra a través de una idea central: el hombre no es una obra acabada; se está formando día a día, tiene aptitud para dialogar, y en el diálogo crece. Si esto es así, la frase “No sólo tengo razón, sino que no hay nada que el otro me pueda aportar” muestra, simplemente, carencia de espiritualidad. Por el contrario, la noción según la cual la obra no está concluida lleva de la mano a la tolerancia, ese valor que nos hace mirar al otro “no como el adversario, sino como el que piensa diferente y con el que tenemos el deber de construir”.
En esta obsesión, el autor camina junto a Kovadlov quien dice: “Al dejar de construir, se renuncia al perfeccionamiento para recaer en la idea demoníaca de la perfección alcanzada. Ello equivale a precipitarse en la intolerancia, en la siembra del mutismo que exige la arrogancia de la palabra definitiva, de la palabra hegemónica”.
(b) Para el rabino, el mal es la omisión del bien; ser malo, no es sólo hacer el mal, sino también no hacer el bien. Aquí camina junto a Martin Luther King quien decía: “Nuestra generación tendrá que arrepentirse no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena”. Si Luther King camina a su derecha, Einstein lo hace a su izquierda: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Por eso, Bergman advierte que este libro está dirigido a todos los ciudadanos, pero principalmente “a los que teniendo sus necesidades básicas satisfechas permanecen ausentes de lo público”.
(c) En una Argentina en la que los hechos parecen haber vencido al derecho, Bergman cree que “un buen comienzo para revisar qué nos pasa y por qué nos pasa, es volver a los textos y verbos fundantes de nuestra Constitución”.
¡Qué cerca está del filósofo Carlos Nino, quien enumeraba la anomia (o sea, una vida sin respeto a la ley) como uno de nuestros grandes males!. Hay que volver, pues, a la fuente.
(d) Pero esa fuente no debe ser vista como un simple documento. Bergman enseña con razón que la Constitución no es un documento, es un proceso. La acción de constituirse, dice, es cotidiana; y por eso, nos propone descongelar las instituciones; desfosilizarlas.
Esa tarea exige hacer. Y ésta es la gran obsesión del autor, que rememora inmediatamente dos famosas y enfáticas frases; por un lado, el casi mandato ortegueano: “Argentinos, a las cosas”; por el otro, el imperativo de Roosvelt, que frente a la terrible crisis económica, pronunciaba sólo cuatro palabras: “Algo hay que hacer”.
Bergman empieza llamando a una masa crítica de la sociedad argentina con ganas de “hacer algo” y nos dice que “lo verdaderamente humano es tener conciencia activa, o sea, hacer un ejercicio continuo de reflexión sobre lo que sucede, pero fundamentalmente, sobre lo que hacemos. Es la idea según la cual “un hombre, cuando muere, es lo que fue y lo que hizo; y así se lo conoce para siempre”. La civilidad de lo humano, pues, no se declama; se sustenta “en la práctica de lo que somos con lo que hacemos. Somos civilizados si hacemos civilización; somos buenos si hacemos el bien; somos justos si hacemos justicia.
(e) Para comprender cómo las virtudes ciudadanas están en nuestra constitución, Bergman nos regala un glosario de los valores positivos y negativos, a los que llama virtudes y pecados capitales, pero esta terminología no tiene significación religiosa sino cívica.
De ese glosario he elegido algunas voces que engarzan en esta obsesión por el hacer; la opción es interesada, porque la obsesión por el hacer marca a todos los mendocinos, una tierra que se hizo con el esfuerzo cotidiano.
Tomo el valor coherencia, precisamente, porque como dije al comienzo, son las obsesiones las que nos dan coherencia. Coherencia, dice el rabino, es ser en el hacer. Es claro, no hay mayor incoherencia que declamar una cosa y hacer otra.
Rescato también la voz elección. “Es mejor elegir y equivocarse que omitir la elección”. La elección aporta a la superación, y esencialmente, dice, “es un acto de optimismo”.
La lealtad es mantener el pacto, “el compromiso de aquello que el sujeto asumió que iba a hacer”; esa lealtad nos impone ser valientes, o sea, avanzar aunque se tenga deseos de abandonar; mantener el rumbo fijado; probar cosas nuevas y enfrentar situaciones difíciles; volver a intentar y hacer lo que creemos correcto, aunque otros no nos acompañen. Por el contrario, la pereza deja pasar la vida como oportunidad de transformación. El perezoso, por no hacer, deja pasar las opciones que la vida le ofrece
Termino con la inteligencia, que no equivale a conocer todas las respuestas, sino a encontrarlas. Es que como dice un autor italiano (Arnaldo Momigliano) “enfrentamos un futuro en el que las respuestas ya no son ni serán las mismas porque, a decir verdad, nos han cambiado la mayoría de las preguntas; en la ruta del futuro, lo que viene no siempre se parece a lo que se ve en el espejo retrovisor, por lo que debemos aprender a convivir con la desproporción entre las preguntas inteligentes que somos capaces de formular y las respuestas plausibles que somos capaces de dar”.
Por eso, Bergman dice: “Creatividad e inteligencia son también necesarias para afianzar la justicia, desde que ante situaciones y contextos cambiantes, necesariamente debe haber una acción creativa para entender cuáles serían los parámetros de justicia en este presente. La ley de la justicia, en contextos dinámicos, requieren reinterpretación constante”. Aquí las ideas de Bergman se entremezclan con las del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que manda hacer una interpretación dinámica, para que los textos no caigan en la obsolescencia
La segunda parte del libro está dedicada al análisis del preámbulo; Bergman invita a una re-lectura del preámbulo, ese documento que en el colegio aprendimos de memoria, sin tomar conciencia de todo lo que encierra. En esta parte aparece otra obsesión: el pacto.
Un pacto implica la existencia de otro con quien hay que sentarse a conversar. A su vez, el pacto es la formalización de la confianza. Ambas partes saben que deben sostener lo pactado, no teóricamente, sino con hecho concretos.
Esta idea da base o fundamento a la primera frase del preámbulo: Nos los representantes........Para Bergman, en la representación se comparte un pacto, una construcción, un destino común. La justicia en la representación empieza, antes que nada, porque el pacto de representación es la ley y un primer acto de justicia es que el representante y el representado cumplan con los derechos y obligaciones que la ley impone. El preámbulo rememora que texto nace “en cumplimiento de los pactos preexistentes”, y esta circunstancias se une a la noción de justicia. “Lo justo en un pacto es cumplirlo; lo injusto es no cumplirlo; si lo pactado resulta injusto para alguna de las partes, necesariamente, hay que repactar. Cuando un pacto se rompe, se instala la injusticia. Ninguna de las partes debe hacer justicia por su propia mano; todo debe ser dicho al momento de pactar; por lo tanto, el trabajo posterior es cumplir con lo pactado. Por eso, no es sólo cuestión de firmar el pacto, hay que sostenerlo en cada ocasión”.
El preámbulo enumera varios objetivos: constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad
Cabe detenerse en “promover el bienestar general”, no sólo porque hoy está tan abandonado por las políticas públicas que se desentienden de la minoridad abandonada, de los ancianos y discapacitados carenciados, etc., sino porque nadie espera leer en la parte dedicada a este objetivo lo que aquí se encuentra. Al hablar del comienzo y del fin de la vida dice: “Siendo sagrada la vida, debe cuidarse su dignidad, y al mismo tiempo, como garantía del Estado, debe establecerse un debate republicano que haga la diferencia, pues despenalizar no es necesariamente habilitar indiscriminadamente. Todos y cada uno de los temas que hacen a un debate ciudadano, se acuerde o no con estas posiciones, deben orientarse a una cultura de respeto por el disenso, la libertad de conciencia y la aceptación de los mecanismos que la democracia republicana establece para que las nuevas generaciones vean en nuestra Constitución un espacio de debate”.
La última parte del libro es la propuesta, el desafío, cómo operar un cambio sociocultural. Como el lector imagina desde las primeras páginas, el proceso de cambio es esencialmente educativo, pero ese proceso sólo será posible, dice el rabino, desde la ejemplaridad. Por lo tanto, es necesario instalar modelos referentes que reflejen en hechos concretos la teoría de los valores; es decir, individuos que traduzcan los valores en prácticas
En ese proceso, se nos impone pasar de lo privado a lo público, entendiendo por público aquello que uno puede compartir con el otro abiertamente. Aquí Bergman camina al lado de Habermas y toda su doctrina de la democracia participativa. “Quedarse solamente en lo privado implica que lo público opere aisladamente y según sus intereses y conveniencias mientras que los ciudadanos permanecen privatizados”. “Para vivir en un país hay que tener vida privada y vida pública. Hoy en nuestro país no hay vida pública; sólo hay vida privada que usa de lo público”.
Bergman no aconseja hacer catarsis con las cacerolas; tampoco sugiere que los partidos políticos deben desaparecer; por el contrario, un partido político, dice, es un lugar de llegada, no un punto de partida. Hay que usar para lo público los mismos estándares que usamos para lo privado, y los referentes deben dar este paso ya. Impulsa, pues, a un cambio de paradigma, no el de la política ideal, sino el de la política posible, y esto comienza con la participación. ¿Participar dónde?¿Cómo? Como estamos enfermos de la falta de control, Bergman nos convence que la tarea es controlar, auditar, teniendo a la ley como reaseguro. “Nos faltan ciudadanos; hay que trabajar, hay que hacer; la transformación sólo se producirá con gente; gente con gente haciendo cosas”.
Y en esta propuesta, el autor se une a Héctor Tizón, juez y literato, cuando en su libro Tierra de frontera afirma: “Todo está en el hombre común, así como la música está en un instrumento, pero es necesario que lo toquen”. Bergman nos invita a todos a tocar el instrumento que mejor conocemos y a formar una gran orquesta de ciudadanos. Ojalá suene bien.
Este libro se llama “Manifiesto”. ¿Por qué un manifiesto? Al parecer, según explican quienes saben sobre etimología de las palabras, el sustantivo “manifiesto” viene del latin: manufestus o manifestus, derivado de manus, mano, y festus, ferre, mostrar. O sea, textualmente, esta palabra significaría “Enseñar las manos”; enseñar las manos, ¿por qué? Quién sabe, quizás en señal de “no tener nada que ocultar”; o “declararlo todo”. De hecho, cuando se realiza un juramento se alza y se muestra la palma de la mano derecha antes de declarar, de manifestar públicamente lo que se conoce.
La segunda palabra es “Cívico”; aquí cívico se vincula a civil en el significado que Avishay Margalit da a este término; una sociedad Civil es una sociedad en la cual “los integrantes no se humillan unos a otros”; unos a otros, cualquiera sea su posición frente a Dios; agnóstico, ateo, o religioso; cualquiera sea la fe que profese (cristiano, judío, mahometano, hinduista, etc). Lo que une a todas las personas, dice Bergman, no es la noción de Dios sino la de espiritualidad; en la sociedad cívica, dice, no todos son creyentes; son muchos los ciudadanos que viven profundamente comprometidos porque son espirituales. Lo trascendente, dice casi al final del libro, no es el mundo de las creencias, los dogmas y la fe; lo trascendente es aceptarnos como seres espirituales.
Un “manifiesto cívico”. Sergio Bergman escribió este libro, pues, para declarar, para manifestar públicamente todas sus obsesiones. La palabra obsesión está usada en el sentido que la da Sergio Rodrigues, importante e influyente periodista, escritor y dramaturgo brasileño del siglo XX, quien afirma que "Lo que da al hombre un mínimo de coherencia es la suma de sus obsesiones".
Bergman no camina solo con sus obsesiones. Está acompañado por los grandes pensadores de la historia.
La primera obsesión, como adelanté, es la noción de espiritualidad. ¿Qué es esta espiritualidad?
Para Bergman, la espiritualidad se descifra a través de una idea central: el hombre no es una obra acabada; se está formando día a día, tiene aptitud para dialogar, y en el diálogo crece. Si esto es así, la frase “No sólo tengo razón, sino que no hay nada que el otro me pueda aportar” muestra, simplemente, carencia de espiritualidad. Por el contrario, la noción según la cual la obra no está concluida lleva de la mano a la tolerancia, ese valor que nos hace mirar al otro “no como el adversario, sino como el que piensa diferente y con el que tenemos el deber de construir”.
En esta obsesión, el autor camina junto a Kovadlov quien dice: “Al dejar de construir, se renuncia al perfeccionamiento para recaer en la idea demoníaca de la perfección alcanzada. Ello equivale a precipitarse en la intolerancia, en la siembra del mutismo que exige la arrogancia de la palabra definitiva, de la palabra hegemónica”.
(b) Para el rabino, el mal es la omisión del bien; ser malo, no es sólo hacer el mal, sino también no hacer el bien. Aquí camina junto a Martin Luther King quien decía: “Nuestra generación tendrá que arrepentirse no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena”. Si Luther King camina a su derecha, Einstein lo hace a su izquierda: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Por eso, Bergman advierte que este libro está dirigido a todos los ciudadanos, pero principalmente “a los que teniendo sus necesidades básicas satisfechas permanecen ausentes de lo público”.
(c) En una Argentina en la que los hechos parecen haber vencido al derecho, Bergman cree que “un buen comienzo para revisar qué nos pasa y por qué nos pasa, es volver a los textos y verbos fundantes de nuestra Constitución”.
¡Qué cerca está del filósofo Carlos Nino, quien enumeraba la anomia (o sea, una vida sin respeto a la ley) como uno de nuestros grandes males!. Hay que volver, pues, a la fuente.
(d) Pero esa fuente no debe ser vista como un simple documento. Bergman enseña con razón que la Constitución no es un documento, es un proceso. La acción de constituirse, dice, es cotidiana; y por eso, nos propone descongelar las instituciones; desfosilizarlas.
Esa tarea exige hacer. Y ésta es la gran obsesión del autor, que rememora inmediatamente dos famosas y enfáticas frases; por un lado, el casi mandato ortegueano: “Argentinos, a las cosas”; por el otro, el imperativo de Roosvelt, que frente a la terrible crisis económica, pronunciaba sólo cuatro palabras: “Algo hay que hacer”.
Bergman empieza llamando a una masa crítica de la sociedad argentina con ganas de “hacer algo” y nos dice que “lo verdaderamente humano es tener conciencia activa, o sea, hacer un ejercicio continuo de reflexión sobre lo que sucede, pero fundamentalmente, sobre lo que hacemos. Es la idea según la cual “un hombre, cuando muere, es lo que fue y lo que hizo; y así se lo conoce para siempre”. La civilidad de lo humano, pues, no se declama; se sustenta “en la práctica de lo que somos con lo que hacemos. Somos civilizados si hacemos civilización; somos buenos si hacemos el bien; somos justos si hacemos justicia.
(e) Para comprender cómo las virtudes ciudadanas están en nuestra constitución, Bergman nos regala un glosario de los valores positivos y negativos, a los que llama virtudes y pecados capitales, pero esta terminología no tiene significación religiosa sino cívica.
De ese glosario he elegido algunas voces que engarzan en esta obsesión por el hacer; la opción es interesada, porque la obsesión por el hacer marca a todos los mendocinos, una tierra que se hizo con el esfuerzo cotidiano.
Tomo el valor coherencia, precisamente, porque como dije al comienzo, son las obsesiones las que nos dan coherencia. Coherencia, dice el rabino, es ser en el hacer. Es claro, no hay mayor incoherencia que declamar una cosa y hacer otra.
Rescato también la voz elección. “Es mejor elegir y equivocarse que omitir la elección”. La elección aporta a la superación, y esencialmente, dice, “es un acto de optimismo”.
La lealtad es mantener el pacto, “el compromiso de aquello que el sujeto asumió que iba a hacer”; esa lealtad nos impone ser valientes, o sea, avanzar aunque se tenga deseos de abandonar; mantener el rumbo fijado; probar cosas nuevas y enfrentar situaciones difíciles; volver a intentar y hacer lo que creemos correcto, aunque otros no nos acompañen. Por el contrario, la pereza deja pasar la vida como oportunidad de transformación. El perezoso, por no hacer, deja pasar las opciones que la vida le ofrece
Termino con la inteligencia, que no equivale a conocer todas las respuestas, sino a encontrarlas. Es que como dice un autor italiano (Arnaldo Momigliano) “enfrentamos un futuro en el que las respuestas ya no son ni serán las mismas porque, a decir verdad, nos han cambiado la mayoría de las preguntas; en la ruta del futuro, lo que viene no siempre se parece a lo que se ve en el espejo retrovisor, por lo que debemos aprender a convivir con la desproporción entre las preguntas inteligentes que somos capaces de formular y las respuestas plausibles que somos capaces de dar”.
Por eso, Bergman dice: “Creatividad e inteligencia son también necesarias para afianzar la justicia, desde que ante situaciones y contextos cambiantes, necesariamente debe haber una acción creativa para entender cuáles serían los parámetros de justicia en este presente. La ley de la justicia, en contextos dinámicos, requieren reinterpretación constante”. Aquí las ideas de Bergman se entremezclan con las del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que manda hacer una interpretación dinámica, para que los textos no caigan en la obsolescencia
La segunda parte del libro está dedicada al análisis del preámbulo; Bergman invita a una re-lectura del preámbulo, ese documento que en el colegio aprendimos de memoria, sin tomar conciencia de todo lo que encierra. En esta parte aparece otra obsesión: el pacto.
Un pacto implica la existencia de otro con quien hay que sentarse a conversar. A su vez, el pacto es la formalización de la confianza. Ambas partes saben que deben sostener lo pactado, no teóricamente, sino con hecho concretos.
Esta idea da base o fundamento a la primera frase del preámbulo: Nos los representantes........Para Bergman, en la representación se comparte un pacto, una construcción, un destino común. La justicia en la representación empieza, antes que nada, porque el pacto de representación es la ley y un primer acto de justicia es que el representante y el representado cumplan con los derechos y obligaciones que la ley impone. El preámbulo rememora que texto nace “en cumplimiento de los pactos preexistentes”, y esta circunstancias se une a la noción de justicia. “Lo justo en un pacto es cumplirlo; lo injusto es no cumplirlo; si lo pactado resulta injusto para alguna de las partes, necesariamente, hay que repactar. Cuando un pacto se rompe, se instala la injusticia. Ninguna de las partes debe hacer justicia por su propia mano; todo debe ser dicho al momento de pactar; por lo tanto, el trabajo posterior es cumplir con lo pactado. Por eso, no es sólo cuestión de firmar el pacto, hay que sostenerlo en cada ocasión”.
El preámbulo enumera varios objetivos: constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad
Cabe detenerse en “promover el bienestar general”, no sólo porque hoy está tan abandonado por las políticas públicas que se desentienden de la minoridad abandonada, de los ancianos y discapacitados carenciados, etc., sino porque nadie espera leer en la parte dedicada a este objetivo lo que aquí se encuentra. Al hablar del comienzo y del fin de la vida dice: “Siendo sagrada la vida, debe cuidarse su dignidad, y al mismo tiempo, como garantía del Estado, debe establecerse un debate republicano que haga la diferencia, pues despenalizar no es necesariamente habilitar indiscriminadamente. Todos y cada uno de los temas que hacen a un debate ciudadano, se acuerde o no con estas posiciones, deben orientarse a una cultura de respeto por el disenso, la libertad de conciencia y la aceptación de los mecanismos que la democracia republicana establece para que las nuevas generaciones vean en nuestra Constitución un espacio de debate”.
La última parte del libro es la propuesta, el desafío, cómo operar un cambio sociocultural. Como el lector imagina desde las primeras páginas, el proceso de cambio es esencialmente educativo, pero ese proceso sólo será posible, dice el rabino, desde la ejemplaridad. Por lo tanto, es necesario instalar modelos referentes que reflejen en hechos concretos la teoría de los valores; es decir, individuos que traduzcan los valores en prácticas
En ese proceso, se nos impone pasar de lo privado a lo público, entendiendo por público aquello que uno puede compartir con el otro abiertamente. Aquí Bergman camina al lado de Habermas y toda su doctrina de la democracia participativa. “Quedarse solamente en lo privado implica que lo público opere aisladamente y según sus intereses y conveniencias mientras que los ciudadanos permanecen privatizados”. “Para vivir en un país hay que tener vida privada y vida pública. Hoy en nuestro país no hay vida pública; sólo hay vida privada que usa de lo público”.
Bergman no aconseja hacer catarsis con las cacerolas; tampoco sugiere que los partidos políticos deben desaparecer; por el contrario, un partido político, dice, es un lugar de llegada, no un punto de partida. Hay que usar para lo público los mismos estándares que usamos para lo privado, y los referentes deben dar este paso ya. Impulsa, pues, a un cambio de paradigma, no el de la política ideal, sino el de la política posible, y esto comienza con la participación. ¿Participar dónde?¿Cómo? Como estamos enfermos de la falta de control, Bergman nos convence que la tarea es controlar, auditar, teniendo a la ley como reaseguro. “Nos faltan ciudadanos; hay que trabajar, hay que hacer; la transformación sólo se producirá con gente; gente con gente haciendo cosas”.
Y en esta propuesta, el autor se une a Héctor Tizón, juez y literato, cuando en su libro Tierra de frontera afirma: “Todo está en el hombre común, así como la música está en un instrumento, pero es necesario que lo toquen”. Bergman nos invita a todos a tocar el instrumento que mejor conocemos y a formar una gran orquesta de ciudadanos. Ojalá suene bien.
martes, 5 de agosto de 2008
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